
Mi nombre es Humbert Humbert y soy un viejo. Cada día que pasa me siento más viejo e inútil. me duele el cuerpo al levantarme y mis resacas duran, ahora, días. Recuerdo mi juventud con la nostalgia de ser un longevo. Siento que tengo más años de los que necesitaba y me aburro terriblemente.
Cuando joven, las cosas eran diferentes: más relajas, no tan rápidas, teníamos tiempo para pensar, para escuchar un buen disco. Ahora las cosas son más rápidas y prácticas; más duras y poco dóciles.
Solo tuve un "gran amor" y fue de esos largos y turbulentos, que te dejan con el corazón seco y en pequeños retazos. Ella era más joven que yo, más feliz y más sabia, pero a la vez más inestable que yo.
Yo solía cominar por un parque cerca de mi casa. Era un barrio tranquilo. Mis caminatas eran largas, muy largas, pero nunca salia de mi parque. hermoso parque en el malecón. Siempre me gusto ver el mar y sentirlo lejos, bien lejos. nada de arena ni de mojarme. Me parecia horrible, sobre todo, sentir la arena entre mis pies mojados.
Una tarde, mientras caminaba por el parque, sentí algo totalmente distinto. El aire era mas espeso, casi estático y muy denso. Todo olía a fabrica de harina de pescado. Que olor tan desagradable, pero aveces lima amanecía con ese perfume y no se retiraba hasta ya entrada la noche. Comezé a correr hacía mi casa para alejarme de ese olor y poder refugiarme un rato en la "temible-controlada" televisión nacional. Al llegar a la puerta, reviso mis bolsillos para sacar el juego de llaves, pero, al parecer, se me habían caído en la carrera. Por la puta madre, tenía que volver a internarme en las tripas de una anchoveta para buscar las llaves. Todo sea por la salvación de mi sentido del olfato, me dije y me sentí avergonzado, y tonto, pero bueno...Corrí otra vez hacia el parque con la vista en el pavimento. Repentinamente, oí un fuerte grito de dolor. La había golpeado por estar agachas buscando mis muy necesitadas llaves. Que vergüenza, la había golpeado tan fuerte, con la cabeza, que toda su cara estaba llena de sangre y note un poco de moco; por lo que pude percibir que, le había destrozado la nariz y que ella estaba pasando por un terrible resfriado. Lo del resfriado era algo obvio, nadie podía estar por ahí sin sentir ese terrible olor y sentirse tentado de volver, a pasos agigantados, a su casa.
Andrea, así me dijo que se llamaba después de mentarme la madre hasta agotarse. le pedí mil perdones y la lleve hasta mi casa, toqué el timbre desesperadamente, hasta que mi hermano nos abrió. Cuando salió del baño se veía horrible y ella lo pudo percibir en mi cara, pero me había enamorado. Le pegué un cabezazo, la llene de sangre, le hinché la nariz, pero igual me parecia preciosa.
Cuando joven, las cosas eran diferentes: más relajas, no tan rápidas, teníamos tiempo para pensar, para escuchar un buen disco. Ahora las cosas son más rápidas y prácticas; más duras y poco dóciles.
Solo tuve un "gran amor" y fue de esos largos y turbulentos, que te dejan con el corazón seco y en pequeños retazos. Ella era más joven que yo, más feliz y más sabia, pero a la vez más inestable que yo.
Yo solía cominar por un parque cerca de mi casa. Era un barrio tranquilo. Mis caminatas eran largas, muy largas, pero nunca salia de mi parque. hermoso parque en el malecón. Siempre me gusto ver el mar y sentirlo lejos, bien lejos. nada de arena ni de mojarme. Me parecia horrible, sobre todo, sentir la arena entre mis pies mojados.
Una tarde, mientras caminaba por el parque, sentí algo totalmente distinto. El aire era mas espeso, casi estático y muy denso. Todo olía a fabrica de harina de pescado. Que olor tan desagradable, pero aveces lima amanecía con ese perfume y no se retiraba hasta ya entrada la noche. Comezé a correr hacía mi casa para alejarme de ese olor y poder refugiarme un rato en la "temible-controlada" televisión nacional. Al llegar a la puerta, reviso mis bolsillos para sacar el juego de llaves, pero, al parecer, se me habían caído en la carrera. Por la puta madre, tenía que volver a internarme en las tripas de una anchoveta para buscar las llaves. Todo sea por la salvación de mi sentido del olfato, me dije y me sentí avergonzado, y tonto, pero bueno...Corrí otra vez hacia el parque con la vista en el pavimento. Repentinamente, oí un fuerte grito de dolor. La había golpeado por estar agachas buscando mis muy necesitadas llaves. Que vergüenza, la había golpeado tan fuerte, con la cabeza, que toda su cara estaba llena de sangre y note un poco de moco; por lo que pude percibir que, le había destrozado la nariz y que ella estaba pasando por un terrible resfriado. Lo del resfriado era algo obvio, nadie podía estar por ahí sin sentir ese terrible olor y sentirse tentado de volver, a pasos agigantados, a su casa.
Andrea, así me dijo que se llamaba después de mentarme la madre hasta agotarse. le pedí mil perdones y la lleve hasta mi casa, toqué el timbre desesperadamente, hasta que mi hermano nos abrió. Cuando salió del baño se veía horrible y ella lo pudo percibir en mi cara, pero me había enamorado. Le pegué un cabezazo, la llene de sangre, le hinché la nariz, pero igual me parecia preciosa.